Después de unos meses de ausencia, en los que solo tuve tiempo de trabajar, atender a mi familia y jugar Warcraft (no lo puedo negar) estoy de vuelta.
Estos meses se me fueron volando. Apenas pude digerir este final del año. A inicios de octubre nos enteramos de que una colega de mi jefa deja su puesto. Solicité el puesto y me quedé con él, causando así un poco de estrés en la organización, puesto que mi conocimiento de algunos sistemas y del francés no era tan sólido como el de otras personas en la empresa. Afortunadamente, mis habilidades de gestión de personal eran más sólidas y logré convencer a mis entrevistadores de que yo era la mejor opción a mediano plazo.
Mi nuevo equipo de trabajo también se sorprendió al saber que yo sería el reemplazo de esta gerente y debo admitir que hubo un par de explosiones emocionales que yo no esperaba encontrar en tierras canadienses. Pero como dicen en mi tierra, en todos lados se cuecen habas, así que me puse las pilas, me dediqué a aprender el proceso de ventas y los sistemas que intervienen en él y ahora me encuentro dirigiendo un grupo de ex-compañeros míos.
Así que para mí el 2009 cerró con un fuerte reto que, sinceramente me causó un poco de estrés. Sin embargo, como cualquier cosa que vale la pena hacer, si la afrontas con una estrategia, trabajo duro y buena actitud, las posibilidades de éxito son mayores.
Ahora que he cumplido una de mis metas: alcanzar o superar el puesto que dejé en México, llega el momento de ir por las otras: comenzar una maestría (por fin encontré la maestría que quería estudiar), tener más clientes para mis sesiones de coaching, seguir perfeccionando el francés y seguir creciendo en la organización.
Y tú, ¿qué metas tienes para el 2010? Recuerda que, como dijera Séneca, "Cualquier viento es favorable para el que no sabe a dónde va".
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2 de enero de 2010
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